miércoles, 30 de diciembre de 2009

2010

El 2009 ya está por terminar y, como de costumbre, aprovechamos estos días para reflexionar sobre cómo nos fue en el año. Ponemos en balance las cosas buenas y malas que nos ocurrieron, durante los 525,600 minutos de este año, y al final de cuentas cada quien tendrá su propio criterio para calificarlo de bueno o malo.
Lamentablemente con frecuencia cometemos el error de no apreciar la VIDA como tal, los aciertos y desaciertos, las sonrisas y las lágrimas, las metas cumplidas y los retos pendientes. Si nos rompieron el corazón, acostumbramos olvidar lo enamorado que llegamos a estar. Y así es la vida, así es su belleza llena de contrastes. Las situaciones que sí son lamentables son cuando alguien pierde la vida, cuando precisamente eso es lo que le sobraba. Este año, mi hermano que no llevaba mi sangre, Adán Silva Campos nos dejó. El, que fue una persona que en verdad amaba vivir, disfrutaba siempre todo al máximo, pero aquí continuamos lamentando los 5 kilos de sobrepeso que tenemos o si nuestra nariz no tiene la forma que deseamos.
Debemos aprender a valorar cada día que vivimos porque como dice un dicho: “la muerte estaba tan segura que iba a ganar que nos dio una vida de ventaja”. Comencemos a apreciar cada etapa de nuestra vida y dejemos vivir a los demás. Cuando estábamos pequeños queríamos ser grandes, tus padres te prohibían hacer ciertas cosas con el regaño “no, todavía eres un niño”, y cuando crecimos un poco más el regaño cambio a “compórtate, ya no eres un niño”. Si tenías 10 querías tener 18, y cuando tienes 30 harías lo que fuese por regresar a esos 20 cuando eras más atractiv@ y tenias una figura que wow. Y a los 40, todos son recuerdos de cuando en tus tiempos, todo era mejor, las personas se comportaban bien y los jóvenes tenían valores. Y ya cuando tu piel ha resentido el pasar de los años, ahí es cuando en verdad valoras cada etapa de la vida, pero ahí es demasiado tarde. El tiempo no se puede regresar y morimos con el lamento de no haber disfrutado cada instante. Amig@s les deseo un excelente año 2010.


Sinceramente,
Héctor Munguía